
La primera vez que vi
El Gran Carnaval (
Ace in the Hole) fue en la Filmoteca de Madrid una de esas sofocantes y soporíferas tardes de agosto, en las que poco se puede hacer que no sea buscar el aire acondicionado de los cines y las cafeterías. Me metí en un ciclo de Billy Wilder, sola, esperando ver una comedia. Sin embargo, la película protagonizada por el enorme Kirk Douglas es de todo menos una comedia. Hacía años que no me acordaba de esta cinta que narra la historia de un minero que, al quedarse atrapado en la mina se convierte, sin saberlo, en la víctima de los retorcidos planes de un periodista de poca monta en busca de un Pullitzer. Un relato estremecedor cuyo parecido con la noticia de los
33 mineros atrapados en Chile me provoca pavor. En un principio parecía que tardarían 3 meses en rescatarles y ahora barajan varios
planes alternativos para acortar este plazo; mientras tanto, las imágenes que la cámara-sonda nos brinda alimentan los informativos televisivos día a día, junto con las cartas que los mineros escriben a sus familiares acampados en el exterior de la mina. Ahora también se han instalado en la zona otros trabajadores de la misma empresa como protesta por sus condiciones laborales. El peregrinaje de personas a la entrada de la mina comienza a crecer y asusta pensar que aquello pueda convertirse en ese "gran carnaval" de Wilder. De momento los medios están mostrando respeto por los mineros. Esperemos que la cosa no cambie y no se alargue el rescate, no sólo por la terrible experiencia que están viviendo; sino también para evitar que la noticia se convierta en un
reality en el interior de la mina. Las cabezas pensantes de los
mass media pueden ser extremadamente perversas. Es una suerte que la película de Billy Wilder sea una de sus obras menos populares. Mejor no darles ideas.
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